Cae la gota por el charco atraída,
y al chocar a su alrededor repele ondulante
y, con ella, en un nuevo equilibrio se deslizan
las que una vez fueran gotas,
ahora unidas en sintonía.
Cae la gota con vibrante armonía,
cuando ya no puede más ignorar
a la tierra plomiza,
y sobre su superficie discurrirá
hasta que su astro vuelva a subirla.
Con la forma determinada por la Tierra,
la Luna con suavidad el ritmo altera
de la pauta marcada por la estrella.
En relación a tres fuerzas se mueve,
pudiendo elegir entre los caminos que encuentre,
pero siempre prescrita al instinto latente
de quien por laberintos se pierde,
cuya voluntad tan sólo gritará:
¡Libertad!
