De los usos de la guerra

La expansión del poder por medio de la violencia.

Desde el comienzo de la civilización, las luchas armadas entre pueblos ha sido una constante de nuestra Historia. La razón no es otra que la conquista y la expansión de dominios. Aunque han sido muchas las sociedades que perecieron como consecuencia de la guerra, otras tantas prosperaron gracias a sus victorias. Los pueblos guerreros necesitaron este sangriento ejercicio de estrategia en aras de su propia conservación.

Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, después de la detonación de las primeras bombas atómicas, toda guerra que pudiera haber sido acometida entre grandes potencias quedó sin aval suficiente, pues ningún motivo podría justificar la naturaleza de sus posibles consecuencias y de su potencial alcance destructivo. Ni los botines más exóticos podrían compensar los efectos de una guerra nuclear. El riesgo para quien la desencadenara sería demasiado elevado, pues la utilización de armas de destrucción masiva supone un peligro evidente para todos los individuos sobre la faz del planeta. Hasta ahora, la disuasión nuclear ha sido efectiva, y los grandes Estados armamentísticos tan sólo se involucran en conflictos armados que no puedan causarles graves perjuicios directos.

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