La ausencia de democracia

Ni uno solo de los países que conforman hoy Europa tiene una democracia, pues ni uno solo de ellos consagra la separación de poderes en sus reglas de juego político.

La democracia representativa es simplemente aquella forma de gobierno en la que se consagra, como reglas del juego político, la separación de poderes y la representación política. La separación de poderes asegura la independencia de los legisladores frente al Estado, así como del Estado frente a los legisladores. En ella reside la verdadera esencia de la democracia, la limitación de los poderes enfrentándolos entre ellos. Esta separación tan sólo podría conseguirse mediante elecciones diferenciadas en el tiempo para el Jefe de Gobierno y para los miembros del cuerpo legislativo.

En cuanto a la representación política en el cuerpo legislativo, ésta únicamente podría ser ejercida por personas libres e independientes de todo mando, leales al mandato de sus votantes. La consagración como derecho fundamental del sufragio universal resulta del todo ineficaz como medio de representación de los ciudadanos si no se acompaña de un sistema de elección mayoritario, pues sólo así se podría establecer una relación de mandato entre los habitantes de cada distrito electoral y la persona elegida directamente por la absoluta mayoría de los votos emitidos en el mismo. El sistema electoral proporcional, sin embargo, asegura una distribución del poder según las cuotas que correspondan a cada jefe de partido a partir de los resultados electorales una vez aplicada la fórmula de reparto legalmente establecida, con la que se determinará el número de asientos en las cámaras legislativas que controlará cada uno.

Ni uno solo de los países que conforman hoy Europa tiene una democracia, pues ni uno solo de ellos consagra la separación de poderes en sus reglas de juego político. Entre estos países impera, sin embargo, el sistema electoral proporcional, que supone el reparto del poder mediante la concesión de escaños a los jefes de los partidos políticos según los resultados de una encuesta poblacional que se realiza periódicamente sobre la marca política favorita. Es decir, que en una misma votación se decide qué partido o partidos pasarán a ejercer el poder ejecutivo y legislativo, evidencia de que la separación entre estos no existe. Los partidos políticos carecen de facto de la capacidad para poder actuar en representación de un colectivo ajeno a su propia organización. Cualquier referencia doctrinal, e incluso normativa, a la representación ejercida por partidos políticos es pura ficción, pues faltan los elementos necesarios que se han de dar de origen para que pueda surgir una relación de mandato entre los miembros que forman parte del cuerpo legislativo y el sujeto colectivo que conforma a la Nación.

Autor: Javier Oliveira Garrido

Repúblico y poeta existencialista, con conocimientos básicos de Derecho. Asociado al Movimiento Ciudadano hacia la República Constitucional.

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