La clase social más corpulenta

Se ha hecho necesario que la inmensa mayoría de la espalda, de una vez y para siempre, a todos los partidos políticos de masas.

Jamás la clase media tuvo tan baja consideración intelectual como tiene hoy con respecto a todo lo político. A la incompetencia de la clase estatal en la gestión de lo público, los grandes medios de comunicación y entretenimiento le dan el nombre de crisis institucional, como si se tratase de un fenómeno puntual, cuando en realidad el desgobierno de lo público es una consecuencia natural en el origen del propio régimen de partidos, materializada en la corrupción política generalizada y en la elevada burocratización de la administración pública, cuya estructura queda deformada por un desmesurado número de organismos de diversa naturaleza pública y excesivos puestos de trabajo dentro del Estado sin utilidad pública real. Es incluso habitual que la aristocracia financiera, previo pago mediante favores a la oligarquía política, consiga imponer sus designios mediante ley, satisfaciendo sus propios intereses y beneficiando, en última instancia, la constante acumulación y concentración de sus riquezas.

Actualmente, en las sociedades regimentales tecnológicamente avanzadas, pueden distinguirse tres grandes clases sociales: la clase alta, la clase estatal y la clase media. La clase alta está conformada por una gran minoría de individuos cuyos patrimonios personales alcanzan buena parte de la riqueza total, también conocida como aristocracia financiera (a efectos ilustrativos, se aproxima al típico 1 % que señalan los informes macroeconómicos sobre la distribución de la riqueza, informes que aseguran que la riqueza de estos pocos ha aumentado considerablemente durante los últimos años). La clase estatal la conforman aquéllos que ocupan puestos de mando dentro de los partidos políticos y de las organizaciones sindicales y patronales, correspondiéndose con la oligarquía política. Por último, a la clase media pertenece la gran mayoría, conformada por todas aquellas personas que no forman parte ni de la clase alta, ni de la clase estatal, constituyendo la esencia de la sociedad civil. A esta gran mayoría le corresponde cumplir con la necesidad de enterrar, de una vez y para siempre, a todos los partidos políticos de masas, todos ellos adoctrinadores en busca de su exclusivo beneficio y poder dentro del Estado. ¡Ni un solo voto más hasta que no haya libertad política colectiva!

Autor: Javier Oliveira Garrido

Repúblico y poeta existencialista, con conocimientos básicos de Derecho. Asociado al Movimiento Ciudadano hacia la República Constitucional.

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