Instintos humanos

La manifestación de la razón consciente guiada por el instinto de conservación de lo amado es el arquetipo predominante en el ser humano, el mayor de los tiranos.

Mediante los instintos, la naturaleza guía a las especies en sus empresas, tanto individuales como colectivas. Cuanto más complejo es el entorno, mayor es la diversidad de las reacciones instintivamente provocadas en los individuos conscientes de sí mismos y de su alrededor.

Los instintos surgidos del inconsciente individual son aquellos que persiguen la satisfacción de las propias necesidades del organismo en aras de la auto-conservación. Se corresponde con su ser más egoísta y privado, que comúnmente se manifiesta disfrazado con piel de corderito. Su arquetipo es la figura del niño.

Los instintos surgidos del inconsciente colectivo son aquellos que afectan al comportamiento de un conjunto de individuos tendentes a la conservación de su ecosistema y del colectivo del que forman parte. Se corresponde con un ser moral y omnipresente, encarnado como el guardián natural de la vida. Es habitualmente confundido con un dios, como si se tratara de un ente separado de nosotros, aunque en realidad se trata de un arquetipo, comúnmente manifestado con la figura de una bestia alada, salvaje y libre en la naturaleza.

Una tercera figura arquetípica se interpone en la relación entre el niño y la bestia. Se trata de la figura de la serpiente, encarnando a la razón consciente guiada por el instinto de conservación de lo amado, siendo común que se manifieste como enemiga de todos los demás instintos. Éste es el arquetipo predominante en el ser humano, el mayor de los tiranos, el animal más desequilibrado, tendente a la supremacía de uno en exclusión de todo lo demás.

La ausencia de democracia

Ni uno solo de los países que conforman hoy Europa tiene una democracia, pues ni uno solo de ellos consagra la separación de poderes en sus reglas de juego político.

La democracia representativa es simplemente aquella forma de gobierno en la que se consagra, como reglas del juego político, la separación de poderes y la representación política. La separación de poderes asegura la independencia de los legisladores frente al Estado, así como del Estado frente a los legisladores. En ella reside la verdadera esencia de la democracia, la limitación de los poderes enfrentándolos entre ellos. Esta separación tan sólo podría conseguirse mediante elecciones diferenciadas en el tiempo para el Jefe de Gobierno y para los miembros del cuerpo legislativo.

En cuanto a la representación política en el cuerpo legislativo, ésta únicamente podría ser ejercida por personas libres e independientes de todo mando, leales al mandato de sus votantes. La consagración como derecho fundamental del sufragio universal resulta del todo ineficaz como medio de representación de los ciudadanos si no se acompaña de un sistema de elección mayoritario, pues sólo así se podría establecer una relación de mandato entre los habitantes de cada distrito electoral y la persona elegida directamente por la absoluta mayoría de los votos emitidos en el mismo. El sistema electoral proporcional, sin embargo, asegura una distribución del poder según las cuotas que correspondan a cada jefe de partido a partir de los resultados electorales una vez aplicada la fórmula de reparto legalmente establecida, con la que se determinará el número de asientos en las cámaras legislativas que controlará cada uno.

Ni uno solo de los países que conforman hoy Europa tiene una democracia, pues ni uno solo de ellos consagra la separación de poderes en sus reglas de juego político. Entre estos países impera, sin embargo, el sistema electoral proporcional, que supone el reparto del poder mediante la concesión de escaños a los jefes de los partidos políticos según los resultados de una encuesta poblacional que se realiza periódicamente sobre la marca política favorita. Es decir, que en una misma votación se decide qué partido o partidos pasarán a ejercer el poder ejecutivo y legislativo, evidencia de que la separación entre estos no existe. Los partidos políticos carecen de facto de la capacidad para poder actuar en representación de un colectivo ajeno a su propia organización. Cualquier referencia doctrinal, e incluso normativa, a la representación ejercida por partidos políticos es pura ficción, pues faltan los elementos necesarios que se han de dar de origen para que pueda surgir una relación de mandato entre los miembros que forman parte del cuerpo legislativo y el sujeto colectivo que conforma a la Nación.

La libertad consciente

El espíritu libre nace en el individuo al encontrar y destruir los obstáculos colocados en su propia imaginación y las restricciones auto-impuestas contra sus propios sentidos.

Cuando se trata de forzar una sumisión del sentir a la propia voluntad, se están restringiendo las propias emociones que conforman tal voluntad o, lo que es lo mismo, se están reprimiendo las propias reacciones internas que naturalmente surgen ante los estímulos externos. La negación de los estímulos externos, lo que también podría denominarse el artificio de la auto-censura o auto-mentira, es el medio eficaz para la represión de uno mismo.

Mientras que la imaginación de un individuo depende por completo de su voluntad, ya sea de forma consciente o inconsciente, su sentir, al menos desde un una perspectiva fisiológica, depende por completo de factores externos a ella. El espíritu libre nace en el individuo al encontrar y destruir los obstáculos colocados en su propia imaginación y las restricciones auto-impuestas contra sus propios sentidos.

Afortunado Diablo

Soy romántico, pero brusco con mis alas.

Por eso quiero aprender a bailar,

cual hoja danzante en la rama,

cual corriente descendente de agua,

cual ascendente llama.

Tú, acidia, te interpones en mi camino,

mala hierba generadora de vicios.

¿Con quién aprenderé ahora?

¿Quién será mi pareja de baile

si no encuentro quién me sacie?

 

El ser más solitario es el diablo,

quien de su danza hace un arte a falta de acompañante.

Encantador de serpientes y destructor de inmortales.

De piel y pelaje es la máscara en que se esconde.

Engañosas son sus palabras, mas delatante su mirada,

de ojos deslumbrantes que la más alta belleza ansían

y cuyo tacto a la pasión más intensa hechizaría.

Palpitante danzarín, manipulador de la mente infantil.

Confusor de conocimientos y guardián de la sed.

Encarnado en mortal se yergue sobre sus pies.

Libre y solitario vuela el diablo al amanecer.