El avestruz renacido

          No es cierto que el agua no tenga sabor. Quien cree esto poco conoce sobre los sabores de la vida. Inevitablemente agridulce, pero siempre con un toque salado. En toda rabieta siempre se esconde una gracia.

          Lo cierto y verdad es que nadie tiene la culpa de mis sabores agridulces, que no son más que consecuencias de mi entorno. Zaratustra es mi guía espiritual. La locura de la vida tan sólo la sufre el hombre, así como las mujeres, aunque ellas en un tono distinto.

          La ira es mi más rápido instinto de conservación. Cual rayo fulminante la dejo caer sobre el mundo, olvidándome en el proceso de ella. Yo no tengo miedo a que me pregunten, aunque a veces pueda ponerme nervioso. Como todo el mundo en realidad. También le he perdido el miedo a las consecuencias legales de mis actos. Será porque conozco el Derecho.

          Yo suelo tender a centrarme en mis errores emocionales. ¿Y el ruido? Al ruido miedo ninguno. Me llevo bien con todos mis vecinos. Soy así. Para mí, mi sonido es música celestial para mis oídos. Significa vida, fuerza, energía, movimiento, baile.

          ¿Y Dios? El miedo a Dios es el mayor de los absurdos. Se corresponde con el miedo a los muertos.

          Yo no tengo miedo a que me pregunten, aunque a veces pueda ponerme nervioso. Como todo el mundo. También le he perdido el miedo a las consecuencias legales de mis actos. Será porque conozco el Derecho.

          No es cierto que el agua no tenga sabor. Quien cree esto poco conoce sobre los sabores de la vida, inevitablemente agridulce. Pero siempre con un toque salada. En toda rabieta siempre se esconde una gracia. Lo cierto y verdad es que nadie tiene la culpa de mis sabores agridulces, que no son más que consecuencias de mi entorno.

          Zaratustra es mi guía espiritual. La locura de la vida tan sólo la sufre el hombre, así como las mujeres. Pero en un tono diferente.

          Tiendo a centrarme en mis errores emocionales. Así es como avanzo en el pensamiento y, por extensión, en la vida. ¿Y el ruido? Al ruido miedo ninguno. Me llevo bien con todos mis vecinos. Soy así. Para mí, mi sonido es música celestial.

          El enfado de uno provoca siempre miedo a otro, o un sabor agridulce que genera una bola de enfado en la mente ajena. Sin duda ninguna que uno tiene el deber de ser responsable, pero también el derecho a disfrutar de la vida.

          ¿Y el pudor? El pudor es basura. Lo raro es la gente que no sabe sentí lo agrio y lo dulce al mismo tiempo. La memoria se pierde cuando uno se enfada por cosas que olvida. ¡Cuidado con los enfados!

          Escuchádme bien, amigos míos. ¿Quién creen ustedes que fué la serpiente, sino el hombre transmitiendo sus emociones a través de ella? ¿Eso? Eso estaba condenado al fracaso. Siguiente página.

Autor: Javier Oliveira Garrido

Repúblico y poeta existencialista, con conocimientos básicos de Derecho. Asociado al Movimiento Ciudadano hacia la República Constitucional.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s